Capítulo.1
Neblina.-
Benjamín Brooklyn, dueño del teatro Neptune 1988.
Me desperté por el humo, ¿En donde estoy?, ¿Es mi casa? ¿Lo es? ¡Sí!.
Me levanto, me dirijo a la puerta cuando el humo se sofoca; y pienso ¿Hijos? ¡Mis hijos!; me voy al cuarto de Janette y Rosse, no abren la puerta, huele a quemado se evaporan al cielo; Peter, Elizabeth, Anna... Su alma y cuerpo devorados por las inmensas flamas del infierno que yace en la casa, nos acobija y nos sofoca hasta la muerte. ¿Qué espero de mí?, ¿Qué será de mí?, la garra derecha me detiene y la izquierda me da más fuerza... ¿Cómo escapo?, ¿Me queda vida por delante sin mis hijos y mi esposa?.
Salto por la ventana, no hay ningún vecino, nadie llama a los bomberos, prefieren evitar el escándalo e ignorar los alaridos y el fuerte humo con olor a la muerte misma. Me alejo dejando mi pasado, mientras los vecinos salen uno por uno a ver la desgracia arrastrarse como una vil serpiente en busca de un agujero donde enterrar sus penas.
Lo he perdido todo, todo y nada a la vez, a la vez que veo todos y cada uno de mis sueños caer y romperse y esparciendose en miles de fragmentos que son imposibles volverse a formar y he de entender que así es la vida, con esos momentos en que el amor y la alegría se ven frustrados por una esperanza rota, un deseo caído, un bulto de basura. Pero bueno, de esto está hecho el hombre, de sus errores, de su basura misma, de sus preocupaciones, con ojos cegados, de neblina.

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